La lengua que hable una nación es componente elemental de todas éstas. Se dice que es a través de la lengua que una nación pervive en el tiempo. Para Catalunya, su lengua, el catalán, ha sido históricamente una piedra de tope para la constitución del estado autónomo que hoy es. Se puede sostener que el uso irrestricto en el ámbito privado y público del catalán, ha sido una constante reyerta librada por la sociedad catalana, independiente de su tendencia política. Autores como Esteva Fabregat, desde el campo de la antropología, sostienen que es la lengua catalana el centro de conflictos políticos entre castellanos y catalanes[3]. Entre los sucesivos procesos de la unificación española a lo largo de los siglos transcurridos desde la ocupación de la Corona Castellana por el rey Felipe V en 1714, las leyes promulgadas y ratificadas por la Constitución del Estado Español –como la ley de Nueva Planta- se han encargado explícitamente de negar la posibilidad jurídica de utilizar la lengua catalana, en concordancia con la preeminencia de la castellana bajo el influjo de la Corona. Otro hecho histórico importante de la aversión por el catalán, es la prohibición estatal ocurrida después de la Guerra Civil Española (1936- 1939) del uso público y oficial de esta lengua, producto de las prerrogativas nacional- socialistas de los agentes políticos. El objetivo extensible a todas las prohibiciones lingüísticas ejercidas por el Estado español contra la lengua catalana, era que la población de este territorio asimilara el castellano como parte de otra cultura, logrando la eliminación sistemática de la relación identitaria nacional con el catalán. En conclusión, ha sido el catalán, el instrumento de comunicación de una nación, una lengua reprimida y amenazada dentro de la misma región que política y administrativamente le emparentan con España como país.
Las disputas lingüísticas entre castellano y catalán tienden a encontrar una salida legislativa en los períodos políticos en que Catalunya se ha organizado bajo el autogobierno. A este respecto, en 1983 la Generalitat de Catalunya publicó la Ley de Normalización Lingüística, donde se autoriza el uso privado y público tanto del catalán como del castellano. Esta salida “parcial” o “amigable” acusa la necesidad de que la población catalana más joven tenga la oportunidad de conocer, entender y hablar la lengua de sus antepasados, sobre todo porque se aplicará como lengua co-oficial también en la enseñanza escolar. Otro factor que ha derivado en la masificación del catalán dentro de Catalunya, ha sido la segunda disposición de la Generalitat de utilizar los medios de comunicación masiva a su propósito[4], normalizada al amparo de la ley de 1983 para la creación de la televisión autonómica catalana. Nos encontramos, entonces, con una región bilingüe tanto en el ámbito privado como en el público, que oficializa en ciertos períodos de dominación española el castellano y que como estado autonómico oficializa el catalán. No obstante, existen generaciones de mayor edad que no entienden ni hablan el catalán, por las prohibiciones que la Corona o el Estado español impusieron en la zona a fuerza de del actuar de la policía si esta regulación lingüística no era cumplida. Son entonces las generaciones que tuvieron su etapa escolar después de la Ley de Normalización lingüística, como también las más jóvenes, el sector etáreo objetivo de la Generalitat para que el catalán sea nuevamente la lengua con mayor cantidad de hablantes dentro del territorio de Cataluña.
El reconocimiento constitucional de Catalunya como región bilingüe posibilita el intercambio cultural entre catalán y castellano, como parte del proceso de autorreflexión que los habitantes de la región, sean catalanes de nacimiento o extranjeros por integración cultural, deberían realizarse. Pues asumir la diglosia de la región como propia, que por lo demás es histórica, indetitaria y originariamente integrada por diversas culturas, es también reconocer cierta parte de la memoria colectiva que se hace incambiable a este tiempo. La comunicación integrada entre sociedad monolingües acerca a las comunidades en cuestión por medio del entendimiento de sus diferencias, además de ser políticamente una sociedad multinacional que se apodera de su diversidad cultural. Hablar la lengua originaria como parte de las tradiciones de una nación, y no tan sólo celebrar Sant Jordi o a la Virgen de Monstserrat que se tornan conmemoraciones mundiales dentro de un calendario católico sin sustento que sea ampliamente conocido, es quizás más efectivo para recuperación de los materiales simbólicos que conforman una identidad dentro de un proyecto de Estado como la catalinización. La catalinización a través del bilingüismo busca hacer participe de manera activa a un individuo social conciente. El entendimiento de un lenguaje permite ingresar a un mundo que se presenta distinto del que se conoce. Se ingresa con otra carga idiomática insoslayable, que es la lengua que siempre se ha hablado y entendido, pero, y no obstante, es esta misma la que enriquece la asimilación de la otra lengua. No existen purismos idiomáticos en un contexto de globalización económica y social; la apuesta por las diferencias es quizás la vía alternativa a lo totalizante. Si el Estado chileno incorporara una apuesta de este tipo de acuerdo a las etnias que la Constitución General reconoce como parte del territorio nacional agrupándolas en una sola nación, la chilena, reconocería también las diferencias culturales más allá del mínimo gesto político de ingresarlas a la Carta Fundamental. Reconocer su existencia dentro de un territorio no es reconocer su relevancia dentro del correlato de la Historia de Chile, que es más bien la historia de blanqueada mestiza nación chilena.
[1] Generalitat de Catalunya. “Los catalanes: mediterráneos y europeos”; en: “Cataluña, tierra de contrastes” (Págs. 10-19), Barcelona, 2003. Pág. 10.
[2] Un ejemplo de los partidos políticos con agrupaciones catalanas de la facción nacionalista es Unión Democrática de Catalunya (UDC), y de la opción aquí llamada liberal podría considerarse a los Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC- PSOE).
[3]“Una de las señales históricas del conflicto entre catalanes y castellanos en el contexto de sus relaciones políticas es la que concierne al tratamiento, por parte del Estado español, de la lengua catalana. En lo fundamental, la experiencia de Cataluña, a partir del momento en que fuera conquistada por Castilla, ha sido negativa, pues de forma sistemática el Estado español ha pretendido legitimar la supresión de la lengua catalana, inspirándose en el derecho de conquista y en la idea de que una nación, la española en este caso, debía fundarse en la unidad de una lengua, de una moneda y de un derecho.” Esteva Fabregat, Claudio. “La cuestión nacional catalana en la España contemporánea”; en: Revista Alteridades Nº 14, Universidad de Barcelona, 1997. Pág. 40.
[4] Actualmente, Cataluña dispone de un organismo gubernamental de televisión: la Televisió de Catalunya; depende de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) y, a su vez, de la Generalitat de Catalunya. Los canales de televisión que inicialmente tuvo fueron: TV3, El 33, Canal Super 3 (ex K3), 3/24 y Canal 300. Por efectos de la televisión digital, la Generalitat ha exigido desde el 2003 que el 60% de las transmisiones sean en la lengua local.
Bibliografía:
Claudio Esteva Fabregat, La cuestión nacional catalana en la España contemporánea, Revista Alteridades Nº 14, Universidad de Barcelona, Barcelona, 1997. Recurso electrónico disponible en: http://www.lapetus.uchile.cl/lapetus/2009/1/?id=323
Generalitat de Catalunya, Los catalanes, mediterráneos y europeos (pp. 10-19), en: Cataluña, tierra de contrastes, Barcelona, 2003. Recurso electrónico disponible en: http://www.lapetus.uchile.cl/lapetus/2009/1/?id=323
Para canales de televisión catalanes, http://es.wikipedia.org/wiki/Televisi%C3%B3_de_Catalunya
http://elcascatalaaxile.blogspot.com/
Constitución General de Estado de Chile 1980, recurso electrónico disponible en: http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/index_html


